.

miércoles, 30 de julio de 2014

El timo del desnudo de Irina Shayk en la película Hércules

En Londres ya se ha estrenado la película Hércules que protagoniza Dwayne Johnson ("La roca") y está dirigida por Brett Ratner. La he visto y he de confesar que me ha gustado. Sin embargo, tiene trampa. Ha aparecido en los medios que supone el debut como actriz de la modelo Irina Shayk y la publicidad da a entender que tiene un papel clave en el film, casi de co-protagonista. En algunos carteles la rusa incluso tiene un peso similar a Johnson y en el tráiler su aparición es recurrente. Si a eso le sumamos lo de que sale "desnuda", el reclamo es más que evidente.


La película me ha parecido bastante buena. Tiene un cierto aroma a cine clásico de aventuras. La idea de dar una explicación humana al mito de Hércules me parece fascinante (el mérito se debe al cómic en el que se basa). Las escenas de acción entretienen y emocionan (y eso que a mí suelen aburrirme). Y los actores cumplen. Se disfruta.

Sin embargo, a lo largo de la película la presencia de la Shayk brilla por su ausencia. Como mucho, puede considerarse actriz de reparto. Sólo aparece unos momentos en algunos de los recuerdos de Hércules. Si digo que suma diez segundos, seguramente me sobre alguno. Y sólo pronuncia dos o tres palabras. En el tráiler (aquí abajo lo tienes) podemos ver todas las escenas donde sale la modelo y quizás alguna más. En la película, el "desnudo" se reduce a la aparición de su trasero de manera tan fugaz que casi parece subliminal (diría que en el tráiler se aprecia con más detalle esa escena). La Shayk no es exactamente mi tipo (prefiero las historiadoras), pero el asunto me parece un amaño publicitario en toda regla. De ahí mi pequeño enfado.


Conclusión: si alguien tiene la intención de ir al cine para ver a Irina Shayk desnuda, que se queda en casa porque eso sigue siendo privilegio de Cristiano Ronaldo. Si en cambio lo que quiere es ver una buena película de aventuras y acción, merece la pena comprar la entrada. 

viernes, 18 de julio de 2014

Ryanair sí está cambiando, pero poco a poco


"Estamos cambiando" (We're changing) era el mensaje de una campaña publicitaria de Ryanair que llevó a cabo en el metro de Londres a principios de 2014. En aquel momento, la publicidad no podía más que causarme una carcajada gigante.

La risa era porque, primero: el aspecto algo cutre de los carteles repartidos por los pasillos del metro hacía pensar que bien poco podrían estar cambiando las cosas. Si algo ha sido Ryanair es cutre, tal y como seguía siendo esa publicidad. Segundo: el "estamos cambiando" era en el fondo un reconocimiento de que no habían hecho las cosas del todo bien. La frase suena casi a disculpa, una victoria del consumidor y del sentido común.

El pasado: ganado y terror


Yo he sido uno de esos pasajeros que ha intentado evitar Ryanair a toda costa. Siempre he preferido pagar 10 euros más por un vuelo si eso me permitía ir con cualquier otra compañía. Tenía la sensación de que la aerolínea irlandesa trataba a sus pasajeros como ganado. Casi llegando al terror cuando en la puerta de embarque sacaban jaulas o cajas de cartón para comprobar que el equipaje de mano cumplía al milímetro las dimensiones exigidas. Por suerte, a mí nunca me han pillado en nada, pero he visto a otros pasajeros caer en sus garras.

Sin embargo, mi reciente experiencia me ha obligado a reconocer los progresos de Ryanair. Sí, realmente creo que algunas cosas han mejorado. Lo digo porque recientemente he volado con ellos y además tengo reservado otros billetes para dentro de poco. En ambos casos hay algo que me ha hecho ver a la compañía de otra manera.

Dos maletas de mano


Por ejemplo, en el último vuelo que hice con Ryanair ya permitían llevar dos equipajes de mano. Una maleta grande y un bolso. He de decir que tanto en la ida como en la vuelta iba algo cargado. Cumplía las medidas, pero por la mínima. Una maleta del tamaño justo para cabina y un bolso de tipo bandolera. Me temía lo peor en la puerta de embarque. Pero nadie dijo nada a nadie sobre las medidas  ni sacaron jaulas de medir. 

De hecho, en este vídeo en el que Michael O'Leary, el jefe de la compañía, presenta las novedades, se puede ver claramente como la bolsa de mano sobresale de la jaula. Como curiosidad, en el vídeo también aparece la azafata del cartel del metro. Ella debe de simbolizar el cambio


Lo de dos maletas es una novedad interesante, incluso respecto a compañías más laxas con el equipaje de mano como EasyJet. 

24 horas para cambiar una reserva gratis


Pero donde Ryanair me demostró que sí estaban cambiando de verdad fue en una reserva de billetes desafortunada. Al escoger las fechas, me equivoqué de fecha. Reservé justo para la semana anterior a la correcta. Sí, ese típico error tonto que piensas que nunca te va a pasar, hasta que te pasa. 

El vuelo eran 200 euros (cuatro billetes: dos personas, ida y vuelta). Según la tabla de cargos de Ryanair y como yo mismo pude comprobar en la práctica, modificar una reserva tiene un coste de 40 euros por persona y vuelo. Por lo que cambiar completamente el billete me hubiera salido por 160 euros. Sudores fríos por la espalda. Sensación de terror. Maldecir a Ryanair y a mi cabeza. 

Sin embargo, uno de las novedades introducidas por la compañía en su transformación es un período de gracia de 24 horas para errores menores. Hablando en plata: significa que si cometemos algún despiste en la reserva (como el mío), ahora Ryanair nos permite corregirlo gratuitamente. 

Contactar con Ryanair


De todas formas, tampoco hay que emocionarse. No puede hacerse directamente desde la web, porque ahí sí aplican los cargos habituales de cambio de billete. Hay que llamar a su call centre* o contactar por chat. El problema es es el horario: de lunes a viernes es de 8 de la mañana a 7 de la tarde (y menos horas en fin de semana). En Reino Unido, hasta las 6. 

El horario fue mi cruz. Porque cuando pude reaccionar para solventar el problema ya habían pasado las 7 de la tarde del día siguiente. Pasada esa hora, no hay forma humana de contactar directamente con Ryanair (¡es Ryanair a fin de cuentas!). Estaba dentro de las 24 horas, ¿pero cómo podía ejercer mi derecho? ¿tendría que comprar billetes nuevos? ¿pagar 160 euros? Decidí seguir insistiendo al día siguiente, habiendo sobrepasado las 24 horas de gracia. 

Lo intenté primero por teléfono, pero las líneas estaban siempre ocupadas. El chat parecía que tampoco estaba disponible. Sin embargo, después de abrir la ventana del chat varias veces, pude hablar con un agente de la compañía. Le expuse el caso y, después de cierto tira y afloja, accedió a cambiar los billetes para la semana siguiente. Gratis. Eso sí, tan pronto como se hizo el cambio, se cortó en seco la conversación. ¿Para qué perder tiempo en un adiós? 

Sólo una semana para sacar el billete


Una de cal y otra de arena. Como se puede ver, la compañía ha mejorado, pero se intuye que la filosofía de Ryanair sigue detrás, aunque ahora menos visible. Por ejemplo, el check-in gratuito se ha reducido de 15 a solo 7 días antes de la salida del vuelo. Si quieres sacar tu billete antes de una semana, hay que pagar. Por lo que si nos vamos de viaje más de una semana y no vamos a tener acceso a una impresora o internet, Ryanair nos obliga a abonar 5 euros por asiento para hacer el check-in con mayor antelación. 

La moraleja es que ahora en Ryanair hay más facilidades, aunque no todo es fácil. Todavía hay algunas pequeñas trampas. Pero la relación entre precio y servicio sí es más equilibrada. Un último ejemplo, según su informe financiero, antes para hacer una reserva había que hacer 17 clicks. Ahora con 5 es suficiente. Sí, están cambiando. 


* En la web española de Ryanair no funciona bien el enlace a la lista de números de teléfonos para contactar con la compañía. Así que lo pongo aquí: el número para consultas tras la reserva es el 902 051 292. Es un 902, que quiere decir que no se incluye en las tarifas planas de llamadas, pero por lo menos sólo son 10 céntimos el minuto. Hay que decir que en otros países (Reino Unido) el teléfono sí es un número local, por lo que resulta más cómodo para el usuario. No entiendo por qué en España no han hecho lo mismo. 

lunes, 17 de marzo de 2014

Edición censurada de 1984 de Orwell

Soy de esos a los que les gusta entrar a las librerías para acariciar libros (¿bibliofilia?). Me fijo en el diseño, la rugosidad de los materiales, el peso. Así que esta edición de Penguin del 1984 de Orwell me pareció deliciosa. En la foto no se aprecia bien (pulsa para ampliar), pero el título y el autor están en relieve dentro de las franjas negras. La vi en la librería Foyles.

domingo, 16 de marzo de 2014

¿Y si todos los periódicos fueran vespertinos?


Una de las cosas que más me llamaron la atención al llegar a Londres fueron sus diarios gratuitos y, en especial, el vespertino London Evening Standard. Ya es tradición cogerlo de la mano del repartidor al entrar en el metro por la tarde. 

Éste periódico local tiene alrededor de 70 páginas y podría fácilmente pasar por un diario de pago. De hecho, el medio fue fundado en 1827 y siempre fue de pago hasta que lo compró un ex espía ruso (Alexander Lebedev), que en el 2009 lo convirtió en gratuito.

No quiero entrar aquí en los vínculos del antiguo agente de la KGB ni en la muy mediática vida de su hijo Evgeny. Basta decir que los Lebedev, además del Standard, también son propietarios del diario de pago progresista The Independent y su hermano barato i (así se llama, cuesta 20 céntimos).

El Evening Standard, como digo, es un diario muy competente para no costar una libra. Se hace un buen repaso de la actualidad, cuenta con una muy respetable sección de opinión y publica reportajes de primera. Recientemente, por ejemplo, ha sido premiado por su investigación sobre los gangs de Londres (grupos violentos de jóvenes de zonas deprimidas).

Con esto quiero decir que el Standard no sólo sacaría los colores a nuestro 20 Minutos (a pesar del mucho respeto que le tengo al español) sino también a algún que otro medio de pago. Pero el Standard no es del todo comparable a las grandes cabeceras británicas. El gratuito londinense, además de buena información, también tiene un exceso de farándula del West End y todo tipo de noticias frívolas. Me entretiene en mi vuelta del trabajo a casa, pero no siempre me informa tanto como me gustaría.

A esa horas de la tarde, a menudo en mi cartera conviven The Guardian o The Daily Telegraph junto con el gratuito Standard. Pero curiosamente, en uno de los pocos momentos que tengo para leer prensa, me decanto por el Standard. Y puedo perfectamente terminar el día sin llegar a abrir los muy caros diarios ingleses (The Guardian cuesta £1,60 de lunes a viernes). 

La razón es bien simple. A las 7 de la tarde, el vespertino Standard me cuenta noticias que han pasado ese mismo día. En cambio, el Guardian o el Telegraph hablan de las del anterior. Cuando salgo del trabajo quiero saber qué ha pasado durante las últimas ocho horas en las que he estado semidesconectado del mundo. Y resulta bastante ridículo ver como los diarios de referencia despiertan a la mañana siguiente con portadas que yo ya he leído la tarde anterior.


Obviamente, un diario es algo más que la última hora. El contexto, el análisis, los reportajes atemporales. Pero, no nos engañemos, un diario es sobre todo noticias. Si el principal motivo para comprar un periódico fuera el análisis, esa función la cumplen a la perfección revistas como The Economist, New Statesman o Private Eye. Ante todo, en un diario busco noticias y, si luego encuentro algo más, mejor que mejor. 

A veces, la elección de un diario incluso puede depender de algo tan mundano como su tamaño (que sí importa). El Standard tiene un formato compacto (conocido como tabloide, como La Vanguardia), que más o menos se puede abrir en los apretados metros londinenses. El Guardian es cuatro dedos más alto (formato Berliner, como El País), lo que ya hace más difícil abrirlo si se va de pie y hay algo de gente en el vagón. El Telegraph tiene un tamaño sábana que es exactamente dos veces el del Standard. Si nos imaginamos leyendo un diario que es dos veces como La Vanguardia, es fácil darse cuenta que definitivamente el Telegraph no es un diario de transporte público y tampoco de mesa pequeña. Por lo que a veces leer el Telegraph puede ser un tedio. 

¿A quién van dirigidos los diarios? Sin entrar en los contenidos, sólo por la hora de publicación y su formato ya podemos intuir el público al que pretenden llegar. ¿Quién puede comprar un diario que cuesta casi dos euros cada día y leerlo tranquilamente por la mañana? El parado tiene el tiempo pero no el dinero. Un trabajador puede tener el dinero pero hasta por la tarde no tendrá el tiempo. Así que parece razonable pensar que sólo personas con altos cargos e influyentes disponen del tiempo y dinero que requieren esas cabeceras. El Telegraph tiene que ir necesariamente dirigido a personas muy importantes, con mesas muy amplias donde quepan esas hojas con tamaño de sábana. 

El papel no está muerto, pero sí oxidado. Si un periódico quiere vender, tiene que ser popular de arriba abajo. Y las clases populares trabajan durante el día y sólo pueden leer por la tarde o la noche. A esas horas, un diario matutino es demasiado viejo como para pagar por él casi dos euros. Y a falta de vespertino, mejor consultar las noticias por internet. 

domingo, 9 de marzo de 2014

Símbolo de libra esterlina (£) en Mac con teclado en español

Hay que pulsar la tecla ALT a la vez que Shift (mayúscula) y luego, sin soltar éstas, el número 4. Lo he encontrado por casualidad, ya que en muchas webs sólo indican el método para teclados estadounidenses. Tampoco he conseguido que funcione mediante código ASCII. A través del "Visor de Teclado" de OSX podrás ver otros símbolos accesibles desde la combinación ALT+Shift.
ALT + Shift + 4 = £

 

Cargando...