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viernes, 18 de julio de 2014

Ryanair sí está cambiando, pero poco a poco


"Estamos cambiando" (We're changing) era el mensaje de una campaña publicitaria de Ryanair que llevó a cabo en el metro de Londres a principios de 2014. En aquel momento, la publicidad no podía más que causarme una carcajada gigante.

La risa era porque, primero: el aspecto algo cutre de los carteles repartidos por los pasillos del metro hacía pensar que bien poco podrían estar cambiando las cosas. Si algo ha sido Ryanair es cutre, tal y como seguía siendo esa publicidad. Segundo: el "estamos cambiando" era en el fondo un reconocimiento de que no habían hecho las cosas del todo bien. La frase suena casi a disculpa, una victoria del consumidor y del sentido común.

El pasado: ganado y terror


Yo he sido uno de esos pasajeros que ha intentado evitar Ryanair a toda costa. Siempre he preferido pagar 10 euros más por un vuelo si eso me permitía ir con cualquier otra compañía. Tenía la sensación de que la aerolínea irlandesa trataba a sus pasajeros como ganado. Casi llegando al terror cuando en la puerta de embarque sacaban jaulas o cajas de cartón para comprobar que el equipaje de mano cumplía al milímetro las dimensiones exigidas. Por suerte, a mí nunca me han pillado en nada, pero he visto a otros pasajeros caer en sus garras.

Sin embargo, mi reciente experiencia me ha obligado a reconocer los progresos de Ryanair. Sí, realmente creo que algunas cosas han mejorado. Lo digo porque recientemente he volado con ellos y además tengo reservado otros billetes para dentro de poco. En ambos casos hay algo que me ha hecho ver a la compañía de otra manera.

Dos maletas de mano


Por ejemplo, en el último vuelo que hice con Ryanair ya permitían llevar dos equipajes de mano. Una maleta grande y un bolso. He de decir que tanto en la ida como en la vuelta iba algo cargado. Cumplía las medidas, pero por la mínima. Una maleta del tamaño justo para cabina y un bolso de tipo bandolera. Me temía lo peor en la puerta de embarque. Pero nadie dijo nada a nadie sobre las medidas  ni sacaron jaulas de medir. 

De hecho, en este vídeo en el que Michael O'Leary, el jefe de la compañía, presenta las novedades, se puede ver claramente como la bolsa de mano sobresale de la jaula. Como curiosidad, en el vídeo también aparece la azafata del cartel del metro. Ella debe de simbolizar el cambio


Lo de dos maletas es una novedad interesante, incluso respecto a compañías más laxas con el equipaje de mano como EasyJet. 

24 horas para cambiar una reserva gratis


Pero donde Ryanair me demostró que sí estaban cambiando de verdad fue en una reserva de billetes desafortunada. Al escoger las fechas, me equivoqué de fecha. Reservé justo para la semana anterior a la correcta. Sí, ese típico error tonto que piensas que nunca te va a pasar, hasta que te pasa. 

El vuelo eran 200 euros (cuatro billetes: dos personas, ida y vuelta). Según la tabla de cargos de Ryanair y como yo mismo pude comprobar en la práctica, modificar una reserva tiene un coste de 40 euros por persona y vuelo. Por lo que cambiar completamente el billete me hubiera salido por 160 euros. Sudores fríos por la espalda. Sensación de terror. Maldecir a Ryanair y a mi cabeza. 

Sin embargo, uno de las novedades introducidas por la compañía en su transformación es un período de gracia de 24 horas para errores menores. Hablando en plata: significa que si cometemos algún despiste en la reserva (como el mío), ahora Ryanair nos permite corregirlo gratuitamente. 

Contactar con Ryanair


De todas formas, tampoco hay que emocionarse. No puede hacerse directamente desde la web, porque ahí sí aplican los cargos habituales de cambio de billete. Hay que llamar a su call centre* o contactar por chat. El problema es es el horario: de lunes a viernes es de 8 de la mañana a 7 de la tarde (y menos horas en fin de semana). En Reino Unido, hasta las 6. 

El horario fue mi cruz. Porque cuando pude reaccionar para solventar el problema ya habían pasado las 7 de la tarde del día siguiente. Pasada esa hora, no hay forma humana de contactar directamente con Ryanair (¡es Ryanair a fin de cuentas!). Estaba dentro de las 24 horas, ¿pero cómo podía ejercer mi derecho? ¿tendría que comprar billetes nuevos? ¿pagar 160 euros? Decidí seguir insistiendo al día siguiente, habiendo sobrepasado las 24 horas de gracia. 

Lo intenté primero por teléfono, pero las líneas estaban siempre ocupadas. El chat parecía que tampoco estaba disponible. Sin embargo, después de abrir la ventana del chat varias veces, pude hablar con un agente de la compañía. Le expuse el caso y, después de cierto tira y afloja, accedió a cambiar los billetes para la semana siguiente. Gratis. Eso sí, tan pronto como se hizo el cambio, se cortó en seco la conversación. ¿Para qué perder tiempo en un adiós? 

Sólo una semana para sacar el billete


Una de cal y otra de arena. Como se puede ver, la compañía ha mejorado, pero se intuye que la filosofía de Ryanair sigue detrás, aunque ahora menos visible. Por ejemplo, el check-in gratuito se ha reducido de 15 a solo 7 días antes de la salida del vuelo. Si quieres sacar tu billete antes de una semana, hay que pagar. Por lo que si nos vamos de viaje más de una semana y no vamos a tener acceso a una impresora o internet, Ryanair nos obliga a abonar 5 euros por asiento para hacer el check-in con mayor antelación. 

La moraleja es que ahora en Ryanair hay más facilidades, aunque no todo es fácil. Todavía hay algunas pequeñas trampas. Pero la relación entre precio y servicio sí es más equilibrada. Un último ejemplo, según su informe financiero, antes para hacer una reserva había que hacer 17 click. Ahora con 5 es suficiente. Sí, están cambiando. 


* En la web española de Ryanair no funciona bien el enlace a la lista de números de teléfonos para contactar con la compañía. Así que lo pongo aquí: el número para consultas tras la reserva es el 902 051 292. Es un 902, que quiere decir que no se incluye en las tarifas planas de llamadas, pero por lo menos sólo son 10 céntimos el minuto. Hay que decir que en otros países (Reino Unido) el teléfono sí es un número local, por lo que resulta más cómodo para el usuario. No entiendo por qué en España no han hecho lo mismo. 

lunes, 17 de marzo de 2014

Edición censurada de 1984 de Orwell

Soy de esos a los que les gusta entrar a las librerías para acariciar libros (¿bibliofilia?). Me fijo en el diseño, la rugosidad de los materiales, el peso. Así que esta edición de Penguin del 1984 de Orwell me pareció deliciosa. En la foto no se aprecia bien (pulsa para ampliar), pero el título y el autor están en relieve dentro de las franjas negras. La vi en la librería Foyles.

domingo, 16 de marzo de 2014

¿Y si todos los periódicos fueran vespertinos?


Una de las cosas que más me llamaron la atención al llegar a Londres fueron sus diarios gratuitos y, en especial, el vespertino London Evening Standard. Ya es tradición cogerlo de la mano del repartidor al entrar en el metro por la tarde. 

Éste periódico local tiene alrededor de 70 páginas y podría fácilmente pasar por un diario de pago. De hecho, el medio fue fundado en 1827 y siempre fue de pago hasta que lo compró un ex espía ruso (Alexander Lebedev), que en el 2009 lo convirtió en gratuito.

No quiero entrar aquí en los vínculos del antiguo agente de la KGB ni en la muy mediática vida de su hijo Evgeny. Basta decir que los Lebedev, además del Standard, también son propietarios del diario de pago progresista The Independent y su hermano barato i (así se llama, cuesta 20 céntimos).

El Evening Standard, como digo, es un diario muy competente para no costar una libra. Se hace un buen repaso de la actualidad, cuenta con una muy respetable sección de opinión y publica reportajes de primera. Recientemente, por ejemplo, ha sido premiado por su investigación sobre los gangs de Londres (grupos violentos de jóvenes de zonas deprimidas).

Con esto quiero decir que el Standard no sólo sacaría los colores a nuestro 20 Minutos (a pesar del mucho respeto que le tengo al español) sino también a algún que otro medio de pago. Pero el Standard no es del todo comparable a las grandes cabeceras británicas. El gratuito londinense, además de buena información, también tiene un exceso de farándula del West End y todo tipo de noticias frívolas. Me entretiene en mi vuelta del trabajo a casa, pero no siempre me informa tanto como me gustaría.

A esa horas de la tarde, a menudo en mi cartera conviven The Guardian o The Daily Telegraph junto con el gratuito Standard. Pero curiosamente, en uno de los pocos momentos que tengo para leer prensa, me decanto por el Standard. Y puedo perfectamente terminar el día sin llegar a abrir los muy caros diarios ingleses (The Guardian cuesta £1,60 de lunes a viernes). 

La razón es bien simple. A las 7 de la tarde, el vespertino Standard me cuenta noticias que han pasado ese mismo día. En cambio, el Guardian o el Telegraph hablan de las del anterior. Cuando salgo del trabajo quiero saber qué ha pasado durante las últimas ocho horas en las que he estado semidesconectado del mundo. Y resulta bastante ridículo ver como los diarios de referencia despiertan a la mañana siguiente con portadas que yo ya he leído la tarde anterior.


Obviamente, un diario es algo más que la última hora. El contexto, el análisis, los reportajes atemporales. Pero, no nos engañemos, un diario es sobre todo noticias. Si el principal motivo para comprar un periódico fuera el análisis, esa función la cumplen a la perfección revistas como The Economist, New Statesman o Private Eye. Ante todo, en un diario busco noticias y, si luego encuentro algo más, mejor que mejor. 

A veces, la elección de un diario incluso puede depender de algo tan mundano como su tamaño (que sí importa). El Standard tiene un formato compacto (conocido como tabloide, como La Vanguardia), que más o menos se puede abrir en los apretados metros londinenses. El Guardian es cuatro dedos más alto (formato Berliner, como El País), lo que ya hace más difícil abrirlo si se va de pie y hay algo de gente en el vagón. El Telegraph tiene un tamaño sábana que es exactamente dos veces el del Standard. Si nos imaginamos leyendo un diario que es dos veces como La Vanguardia, es fácil darse cuenta que definitivamente el Telegraph no es un diario de transporte público y tampoco de mesa pequeña. Por lo que a veces leer el Telegraph puede ser un tedio. 

¿A quién van dirigidos los diarios? Sin entrar en los contenidos, sólo por la hora de publicación y su formato ya podemos intuir el público al que pretenden llegar. ¿Quién puede comprar un diario que cuesta casi dos euros cada día y leerlo tranquilamente por la mañana? El parado tiene el tiempo pero no el dinero. Un trabajador puede tener el dinero pero hasta por la tarde no tendrá el tiempo. Así que parece razonable pensar que sólo personas con altos cargos e influyentes disponen del tiempo y dinero que requieren esas cabeceras. El Telegraph tiene que ir necesariamente dirigido a personas muy importantes, con mesas muy amplias donde quepan esas hojas con tamaño de sábana. 

El papel no está muerto, pero sí oxidado. Si un periódico quiere vender, tiene que ser popular de arriba abajo. Y las clases populares trabajan durante el día y sólo pueden leer por la tarde o la noche. A esas horas, un diario matutino es demasiado viejo como para pagar por él casi dos euros. Y a falta de vespertino, mejor consultar las noticias por internet. 

domingo, 9 de marzo de 2014

Símbolo de libra esterlina (£) en Mac con teclado en español

Hay que pulsar la tecla ALT a la vez que Shift (mayúscula) y luego, sin soltar éstas, el número 4. Lo he encontrado por casualidad, ya que en muchas webs sólo indican el método para teclados estadounidenses. Tampoco he conseguido que funcione mediante código ASCII. A través del "Visor de Teclado" de OSX podrás ver otros símbolos accesibles desde la combinación ALT+Shift.
ALT + Shift + 4 = £

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Pocket, la aplicación para devorar diarios y blogs


¿Os ha pasado alguna vez que encontráis un artículo interesante pero no tenéis tiempo para leerlo en ese momento? A mí sí, en cantidad de ocasiones. Por eso os voy a hablar de Pocket, una de las pocas aplicaciones que considero casi imprescindibles en mi teléfono.

La conocía hacía tiempo, pero hasta ahora no había sido consciente de su potencial. Me di cuenta cuando iba en el bus leyendo en el móvil un artículo muy interesante* de un blog. Pero tenía que entrar en el metro, y en el famoso Underground londinense no hay cobertura de móvil (¡!). Por lo que fácilmente podía perder la página y la lectura. Esa misma noche me encomendé encontrar una solución para este tipo de situaciones.

Di con un viejo conocido, Pocket. La idea es simple: si hay algo que quieras leer más tarde, lo envías a Pocket y el artículo se descarga en todos los dispositivos donde lo tengas instalado. Para leerlo no necesitas conexión a internet y el texto aparece en un formato que facilita la lectura. Por ejemplo, puedes aumentar o disminuir el tamaño de la letra. También cambiar el color de fondo.

Lo mejor es que es gratis y está disponible para la mayoría de sistemas operativos (iOS, Android, PC, etc.). Así que si encuentro con mi iPad un artículo que quiero leer más tarde, simplemente lo envío a Pocket y al instante lo tengo guardado en mi móvil Android. Casi mágico. Y de camino al trabajo me lo leo, o cuando me apetezca.

La simplicidad es lo que hace que se convierta en imprescindible. Ya que para guardar un artículo sólo es necesario un click (o un toque). Por ejemplo, en Safari hay que pulsar un marcador que creas en tus favoritos. En Android, el navegador que uso (Next) tiene una extensión específica. Incluso desde la aplición de Twitter se pueden enviar artículos con sólo dejar el dedo pulsado sobre un enlace.

A veces hay apps que parecen prometedoras, pero luego no las usas. No es el caso de Pocket, que desde que la tengo aprovecho los ratos muertos para leer algo que en algún momento me pareció interesante.

* El artículo que me dejó tan enganchado como para bajarme Pocket fue éste sobre libros que aparecen en películas y series.

Actualización (16/03/2014). Recientemente me compré el e-reader Kobo Touch y me llevé una buena sorpresa al descubrir que también incorpora Pocket. De manera que puedo leer cómodamente en su pantalla de tinta electrónica todas las noticias que guardo desde el resto de dispositivos.

 

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