domingo, 25 de diciembre de 2011

Fragmentos de Una luna, de Martín Caparrós


Fragmentos escogidos de
Una luna, de @Martín_Caparrós
Anagrama, 2009

Lo que a mí más me ha gustado de Una luna son, sin duda, las entrevistas que realiza Caparrós a diversos migrantes del mundo. Cada cual más dramática e increíble. Sin embargo, aquí destaco las reflexiones del periodista, que discurren en un plano diferente al de las entrevistas.


PREGUNTA POR EL BIEN DEL MUNDO
-¿Y cómo te sentías cuando matabas a alguien? [a un niño soldado retirado]
Le pregunto al otro, chiquito pura fibra, ojos muy afilados. Se lo pregunto compungido, hablando bajo, con ese tono correcto compasivo de quien entiende que es duro hablarte de ese momento tan difícil pero qué se le va a hacer, no queda más remedio, es por el bien del mundo, ya sabés, es bueno que se digan estas cosas.
-Goooood!
Dice el chico soldado, un alarido.
-Good?
-Yeah. Cuando matás a alguien es que el tipo te pudo matar. Entonces vas y lo matás vos, es tan bueno, te sentís tan genial. (p53)


EL INODORO HOLANDÉS
[En Holanda] La primera vez que me senté en un inodoro y noté mis rodillas menos flexionadas, mi espalda más erguida, mi culo más altivo, supuse que era un capricho o error del constructor, y entonces se apagó la luz y me distrajo. A la tercera -cada vez estoy más rápido- empiezo a sospechar que los holandeses tienen una buena razón para poner los inodoros mucho más altos que lo que acostumbramos. Primero pienso en un descubrimiento médico -algo sobre la posición defecadora más erecta favoreciendo la emisión metífica-; después me digo que, evolucionistas constantes y serenos, seguramente han tomado en cuenta que el tiempo pasa y cambia: ¿por qué , en un mundo en que la media de altura ha aumentado casi veinte centímetros en un siglo, tendríamos los mismos inodoros que cuando vivíamos más cercanos al suelo? El viento de la historia sopla por todos los rincones. (p75)


FOTOGRAFÍAS DE TURISTAS
Los turistas nunca fotografían a "los turistas". Sacan, por supuesto, megagigas de fotos de sí mismos, marido a mujer, padres e hijos, amantes a su amante. Y de los lugares que mostrarán de vuelta a casa -la torre tal, la iglesia cual, aquella estatua-, pero nunca de "los turistas", uno de los fenómenos culturales más extraordinarios de estas décadas y, en general, tan tozudamente fotogénicos. La pureza es que no haya otros turistas, como si los lugares prestigiosos que van a visitar fueran descubrimientos que hacen solos, indiana jones de cotillón de feria. (p78)


COCINA CON ADJETIVOS CONTEMPORÁNEOS
[En Madrid] Ahora veo que mi querido café Correos ha sido reemplazado por un restorán que ofrece "alta cocina mediterránea, sana y rápida". Hace tiempo que no veía una cocina tan cargada de adjetivos -tan tristementes contemporáneos. Esa cocina dice que es de una zona prestigiosa -mediterránea- y además, por si quedaba alguna duda, es alta- Pero eso puede ser peligroso: pesadeces, humores revirados- y te explican que es sana. Como esa gente a la que le importa que la comida sea prestigiosa y saludable no suele tener tiempo, te tranquilizan: es rápida. Quizás no sea muy rica, pero de esos nunca hemos hablado. No se trata de eso. (p121)


CONSERVAR EL MUNDO
Yo empecé a querer cosas en la época en que querer algo era querer algo distinto de lo que te decían: en que querer algo lo que te decían estaba asimilado a no querer nada. Lo cual, por supuesto, también era pura ideología, pero me parecía casi natural: una ideología funciona cuando sus portadores sanos y menos sanos no se dan cuenta de que la portan, la consideran pura lógica.
    Por eso, ahora, me resulta tan difícil de entender esto que veo: que pareciera que lo que casi todos quieren es lo que les ofrecen. Se quejan, emigran, protestan, trabajan, sufren, buscan porque quieren lo que les dijeron: un buen empleo, una casa, calma, una familia, un coche, unos ahorros, la estabilidad, las garantías de que dentro de veinte años todo será más o menos como hoy.
    Pretenden garantías.
    Y los que antes quisieron cambiar el mundo ahora, en general, quieren conservarlo. Quieren conservar los paisajes, la libertad de focas y pingüinos, la comida lenta regional, los vinos del terruño, las reservas de bosques, las tradiciones religiosas, la cultura de los inmigrantes -y los mejores, aún, quieren conservar vidas humanas y se van al África o a Latinoamérica a ver si salvan unos cientos del sida la gripe o la malaria.
    Salvar lo que queda, preservarlo, conservarlo. Ésa es la derrota. Me pregunto cuánto tiempo y cuánto pasará hasta que el cambio vuelva a ser la meta.
    Mientras tanto, el cambio es lo que hacen los malos, la derecha, el poder: el cambio es deshacer todo lo que los cambios anteriores consiguieron o, en el mejor de los casos, producir tecnología maravillosa que, por el momento, produce sociedades cada vez más ancladas en sus deseos pedorros. (p126)


LA PARADOJA DE LA ESCLAVITUD NEGRA
[Hablando sobre Zambia] Me impresiona esa ironía de la historia: los descendientes de aquellos prisioneros negros deportados como esclavos a los Estados Unidos de América ahora viven bastante mejor, en términos generales, que los descendientes de los negros libres que se quedaron aquí. Que la esclavitud pueda ser una ventaja parece una paradoja. Puede que lo sea. (p140)


ABSURDO PODER ABSOLUTO
[Zambia] Un señor gordo, mal afeitado, sentado en silla de plástico en la puerta de un ministerio o algo así, dice que no. Nadie puede entrar por esa puerta -o muy poquitos- y el señor gordo está ahí para decirlo: el señor dice que no cientos de veces cada día. Las maneras del no: silencioso, un leve movimiento de cabeza, compasivo, altivo, casi grito, desdeñosos, comprensivo, un murmullo, distante. El señor gordo se pasa el día, todos los días, ejerciendo su poder absoluto: de tan absoluto, sólo sirve para ser poder.(p143)


BUROCRACIA AFRICANA
[Zambia] Llevo buena parte del día tratando de cambiar mi vuelo a Johannesburgo, porque ya terminé mi trabajo y quiero irme. Es sábado; a la mañana voy a la oficina de la línea aérea y está cerrada; después pruebo con un par de agencias de viajes -cuyos carteles dicen que están abiertas- y están cerradas. Después llamo febril a la oficina del aeropuerto de la línea aérea -que, dicen, atiende todo el día pero no contesta nadie o da ocupado. Es un pasaje de South African Airlines, y tarde se me ocurre la idea salvadora: llamar al teléfono de atención al cliente en Sudáfrica, un país más organizado. Llamo, y una voz me dice que los sábados atienden hasta las 18. Son las seis y veinticinco. Entonces, último recurso, se me courre intentar el número de esa misma compañía en Estados Unidos. Lo busco en internet, llamo, consigo. En cinco minutos el cambio estaba hecho. Los Estados Unidos son, dicen, todavía, los que mandan. (p162)

jueves, 22 de diciembre de 2011

Fragmentos de Don Quijote de la Mancha (primera parte), de Miguel de Cervantes

Fragmenos escogidos de
Don Quijote de la Mancha (primera parte), de Miguel de Cervantes
Edición RAE IV Centenario - Alfaguara (2004)




LOS ADJETIVOS DEL HOMBRE VIRTUOSO
Ese cuerpo, señores, que con piadosos ojos estáis mirando, fue depositario de un alma en quien el cielo puso infinita parte de sus riquezas. Ese es el cuerpo de Grisóstomo, que fue único en el ingenio, solo en la cortesía, estremo en la gentileza, fénix en la amistad, magnífico sin tasa, grave sin presunción, alegre sin bajeza, y, finalmente, primero en todo lo que es ser bueno, y sin segundo en todo lo que fue ser desdichado. Quiso bien, fue aborrecido; adoró, fue desdeñado; rogó a una fiera, importunó a un mármol, corrió tras el viento, dio voces a la soledad, sirvió a la ingratitud, de quien alcanzó por premio ser despojos de la muerte en la mitad de la carrera de su vida. (p117)


EL CUENTO DE NUNCA ACABAR
—«Sucedió —dijo Sancho— que el pastor puso por obra su determinación y, antecogiendo sus cabras, se encaminó por los campos de Estremadura, para pasarse a los reinos de Portugal. La Torralba, que lo supo, se fue tras él y seguíale a pie y descalza desde lejos, con un bordón en la mano y con unas alforjas al cuello, donde llevaba, según es fama, un pedazo de espejo y otro de un peine y no sé qué botecillo de mudas para la cara; mas llevase lo que llevase, que yo no me quiero meter ahora en averiguallo, solo diré que dicen que el pastor llegó con su ganado a pasar el río Guadiana, y en aquella sazón iba crecido y casi fuera de madre, y por la parte que llegó no había barca ni barco, ni quien le pasase a él ni a su ganado de la otra parte, de lo que se congojó mucho porque veía que la Torralba venía ya muy cerca y le había de dar mucha pesadumbre con sus ruegos y lágrimas; mas tanto anduvo mirando, que vio un pescador que tenía junto a sí un barco, tan pequeño, que solamente podían caber en él una persona y una cabra; y, con todo esto, le habló y concertó con él que le pasase a él y a trecientas cabras que llevaba. Entró el pescador en el barco y pasó una cabra; volvió y pasó otra; tornó a volver y tornó a pasar otra.» Tenga vuestra merced cuenta en las cabras que el pescador va pasando, porque si se pierde una de la memoria, se acabará el cuento, y no será posible contar más palabra dél. «Sigo, pues, y digo que el desembarcadero de la otra parte estaba lleno de cieno y resbaloso, y tardaba el pescador mucho tiempo en ir y volver. Con todo esto, volvió por otra cabra, y otra, y otra...»
—Haz cuenta que las pasó todas —dijo don Quijote—, no andes yendo y viniendo desa manera, que no acabarás de pasarlas en un año.
—¿Cuántas han pasado hasta agora? —dijo Sancho.
—¿Yo qué diablos sé? —respondió don Quijote.
—He ahí lo que yo dije: que tuviese buena cuenta. Pues por Dios que se ha acabado el cuento, que no hay pasar adelante.
—¿Cómo puede ser eso? —respondió don Quijote—. ¿Tan de esencia de la historia es saber las cabras que han pasado por estenso, que si se yerra una del número no puedes seguir adelante con la historia?
—No, señor, en ninguna manera —respondió Sancho—; porque así como yo pregunté a vuestra merced que me dijese cuántas cabras habían pasado, y me respondió que no sabía, en aquel mesmo instante se me fue a mí de la memoria cuanto me quedaba por decir, y a fe que era de mucha virtud y contento.
—¿De modo —dijo don Quijote— que ya la historia es acabada?
—Tan acabada es como mi madre —dijo Sancho. (p181)


DULCINEA, AMOR PLATÓNICO
—Y en lo que toca a la carta de amores, pondrás por firma: «Vuestro hasta la muerte, el Caballero de la Triste Figura». Y hará poco al caso que vaya de mano ajena, porque, a lo que yo me sé acordar, Dulcinea no sabe escribir ni leer y en toda su vida ha visto letra mía ni carta mía, porque mis amores y los suyos han sido siempre platónicos, sin estenderse a más que a un honesto mirar. Y aun esto tan de cuando en cuando, que osaré jurar con verdad que en doce años que ha que la quiero más que a la lumbre destos ojos que han de comer la tierra, no la he visto cuatro veces, y aun podrá ser que destas cuatro veces no hubiese ella echado de ver la una que la miraba: tal es el recato y encerramiento con que sus padres, Lorenzo Corchuelo y su madre Aldonza Nogales, la han criado.
—¡Ta, ta! —dijo Sancho—. ¿Que la hija de Lorenzo Corchuelo es la señora Dulcinea del Toboso, llamada por otro nombre Aldonza Lorenzo?
—Esa es —dijo don Quijote—, y es la que merece ser señora de todo el universo.
—Bien la conozco —dijo Sancho—, y sé decir que tira tan bien una barra como el más forzudo zagal de todo el pueblo. ¡Vive el Dador, que es moza de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho, y que puede sacar la barba del lodo a cualquier caballero andante o por andar que la tuviere por señora! ¡Oh hideputa, qué rejo que tiene, y qué voz! Sé decir que se puso un día encima del campanario del aldea a llamar unos zagales suyos que andaban en un barbecho de su padre, y, aunque estaban de allí más de media legua, así la oyeron como si estuvieran al pie de la torre. Y lo mejor que tiene es que no es nada melindrosa, porque tiene mucho de cortesana: con todos se burla y de todo hace mueca y donaire. (p243)


VERDAD POR LICENCIA REAL
—Mirad, hermano —tornó a decir el cura—, que no hubo en el mundo Felixmarte de Hircania, ni don Cirongilio de Tracia, ni otros caballeros semejantes que los libros de caballerías cuentan, porque todo es compostura y ficción de ingenios ociosos, que los compusieron para el efeto que vos decís de entretener el tiempo, como lo entretienen leyéndolos vuestros segadores. Porque realmente os juro que nunca tales caballeros fueron en el mundo, ni tales hazañas ni disparates acontecieron en él.
—A otro perro con ese hueso —respondió el ventero—. ¡Como si yo no supiese cuántas son cinco, y adónde me aprieta el zapato! No piense vuestra merced darme papilla, porque por Dios que no soy nada blanco. ¡Bueno es que quiera darme vuestra merced a entender que todo aquello que estos buenos libros dicen sea disparates y mentiras, estando impreso con licencia de los señores del Consejo Real, como si ellos fueran gente que habían de dejar imprimir tanta mentira junta, y tantas batallas, y tantos encantamentos, que quitan el juicio! (p325)


INSULTOS QUIJOTESCOS
¡Oh, válame Dios y cuán grande que fue el enojo que recibió don Quijote oyendo las descompuestas palabras de su escudero! Digo que fue tanto, que con voz atropellada y tartamuda lengua, lanzando vivo fuego por los ojos, dijo:
—¡Oh bellaco villano, malmirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente! ¿Tales palabras has osado decir en mi presencia y en la destas ínclitas señoras, y tales deshonestidades y atrevimientos osaste poner en tu confusa imaginación? ¡Vete de mi presencia, monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquerías, inventor de maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro que se debe a las reales personas! ¡Vete, no parezcas delante de mí, so pena de mi ira! (p478)


LO VEROSÍMIL ES LO PERFECTO
Pues ¿qué hermosura puede haber, o qué proporción de partes con el todo y del todo con las partes, en un libro o fábula donde un mozo de diez y seis años da una cuchillada a un gigante como una torre y le divide en dos mitades, como si fuera de alfeñique, y que cuando nos quieren pintar una batalla, después de haber dicho que hay de la parte de los enemigos un millón de competientes, como sea contra ellos el señor del libro, forzosamente, mal que nos pese, habemos de entender que el tal caballero alcanzó la vitoria por solo el valor de su fuerte brazo? Pues ¿qué diremos de la facilidad con que una reina o emperatriz heredera se conduce en los brazos de un andante y no conocido caballero? ¿Qué ingenio, si no es del todo bárbaro e inculto, podrá contentarse leyendo que una gran torre llena de caballeros va por la mar adelante, como nave con próspero viento, y hoy anochece en Lombardía y mañana amanezca en tierras del Preste Juan de las Indias, o en otras que ni las describió Tolomeo ni las vio Marco Polo? Y si a esto se me respondiese que los que tales libros componen los escriben como cosas de mentira y que, así, no están obligados a mirar en delicadezas ni verdades, responderles hía yo que tanto la mentira es mejor cuanto más parece verdadera y tanto más agrada cuanto tiene más de lo dudoso y posible. Hanse de casar las fábulas mentirosas con el entendimiento de los que las leyeren, escribiéndose de suerte que facilitando los imposibles, allanando las grandezas, suspendiendo los ánimos, admiren, suspendan, alborocen y entretengan, de modo que anden a un mismo paso la admiración y la alegría juntas; y todas estas cosas no podrá hacer el que huyere de la verisimilitud y de la imitación, en quien consiste la perfeción de lo que se escribe. (p491)


LA VIRGEN CAUTIVA
Era el caso que aquel año habían las nubes negado su rocío a la tierra y por todos los lugares de aquella comarca se hacían procesiones, rogativas y diciplinas, pidiendo a Dios abriese las manos de su misericordia y les lloviese; y para este efecto la gente de una aldea que allí junto estaba venía en procesión a una devota ermita que en un recuesto de aquel valle había.
    Don Quijote, que vio los estraños trajes de los diciplinantes, sin pasarle por la memoria las muchas veces que los había de haber visto, se imaginó que era cosa de aventura y que a él solo tocaba, como a caballero andante, el acometerla, y confirmóle más esta imaginación pensar que una imagen que traían cubierta de luto fuese alguna principal señora que llevaban por fuerza aquellos follones y descomedidos malandrines; y como esto le cayó en las mientes, con gran ligereza arremetió a Rocinante, que paciendo andaba, quitándole del arzón el freno y el adarga, y en un punto le enfrenó, y, pidiendo a Sancho su espada, subió sobre Rocinante y embrazó su adarga y dijo en alta voz a todos los que presentes estaban:
—Agora, valerosa compañía, veredes cuánto importa que haya en el mundo caballeros que profesen la orden de la andante caballería; agora digo que veredes, en la libertad de aquella buena señora que allí va cautiva, si se han de estimar los caballeros andantes.
    Y en diciendo esto apretó los muslos a Rocinante, porque espuelas no las tenía, y a todo galope, porque carrera tirada no se lee en toda esta verdadera historia que jamás la diese Rocinante, se fue a encontrar con los diciplinantes, bien que fueran el cura y el canónigo y barbero a detenelle; mas no les fue posible, ni menos le detuvieron las voces que Sancho le daba, diciendo:
—¿Adónde va, señor don Quijote? ¿Qué demonios lleva en el pecho que le incitan a ir contra nuestra fe católica? Advierta, mal haya yo, que aquella es procesión de diciplinantes y que aquella señora que llevan sobre la peana es la imagen benditísima de la Virgen sin mancilla; mire, señor, lo que hace, que por esta vez se puede decir que no es lo que sabe.
    Fatigóse en vano Sancho, porque su amo iba tan puesto en llegar a los ensabanados y en librar a la señora enlutada, que no oyó palabra, y aunque la oyera, no volviera, si el rey se lo mandara. Llegó, pues, a la procesión y paró a Rocinante, que ya llevaba deseo de quietarse un poco, y con turbada y ronca voz dijo:
—Vosotros, que quizá por no ser buenos os encubrís los rostros, atended y escuchad lo que deciros quiero.
    Los primeros que se detuvieron fueron los que la imagen llevaban; y uno de los cuatro clérigos que cantaban las ledanías, viendo la estraña catadura de don Quijote, la flaqueza de Rocinante y otras circunstancias de risa que notó y descubrió en don Quijote, le respondió, diciendo:
—Señor hermano, si nos quiere decir algo, dígalo presto, porque se van estos hermanos abriendo las carnes, y no podemos ni es razón que nos detengamos a oír cosa alguna, si ya no es tan breve que en dos palabras se diga.
—En una lo diré —replicó don Quijote—, y es esta: que luego al punto dejéis libre a esa hermosa señora, cuyas lágrimas y triste semblante dan claras muestras que la lleváis contra su voluntad y que algún notorio desaguisado le habedes fecho; y yo, que nací en el mundo para desfacer semejantes agravios, no consentiré que un solo paso adelante pase sin darle la deseada libertad que merece. (p525)

sábado, 17 de diciembre de 2011

Buscando trabajo: comercial con contrato de autónomo

Cuando descolgué el teléfono me preguntaron si era Sergio Uceda, respondí que sí, y una voz de chica joven me explicó que me llamaban de la empresa Tutti Care y que habían recibido mi currículum. "¿En estos momentos estás estudiando o trabajando?", "No". Parecía que ese era el único dato que les interesaba de mí. Me citó (casí ordenó) para una entrevista personal el día siguiente, el martes 13, a las cinco de la tarde. Tenía que llevar un currículum. Dije que me iba bien la hora, aunque no me lo preguntaron.

Cuando colgué tenía un sentimiento agridulce. Siempre hace ilusión que te llamen para trabajar, sea de lo que sea. Sin embargo, no recordaba haber enviado mi currículum a ninguna empresa llamada Tutti Care. Así que revisé los nombres de las últimas empresas a las que había respondido alguna oferta de empleo. Ninguna coincidencia. Sospechaba, sin embargo, de una oferta en la que no se detallaba apenas el puesto. La encabezaba un genérico "Atención al cliente" y como empresa contratante aparecía "Maria Joao Arroz Mosa Donas".


Leo ahora en Infojobs que esta empresa dice dedicarse a la "comercialización de electrodomésticos", sin concretar más. La descripción es, como poco, confusa. Tampoco en la oferta se ofrecen más detalles: "Empresa especializada líder en su sector, busca personal para cubrir su área de atención al cliente. No es necesaria experiéncia.Queremos personas que tengan disponibilidad de jornada completa y media jornada con edad comprendida entre 18 y 35 años."

Intrigado por el nombre Tutti Care, mezcla de italiano e inglés, busqué en Google. La empresa dispone de una web: osmosis, fuentes de agua de oficina, etc. Después busqué en foros y encontré algunos comentarios donde no hablaban desmasiado bien de las condiciones laborales: trabajo como comercial, vendiendo aparatos de agua por las casas, ambiente de mucha competitivad. Comentaban también que ofrecen contratos atípicos. Comencé a temer lo peor.

Me citaron en la callé Cádiz de un polígono industrial de Cornellà, aunque la sede de la empresa está en la calle Sevilla del mismo polígono. Llegué puntual a mi cita. Una secretaria me dio un formulario que rellené en una sala de espera: datos personales, últimos empleos, etc. Mientras, llegó otro hombre, que como yo estaba citado para una entrevista. Me dijo que también le habían llamado tras responder al anuncio Maria Joao y que un cuñado suyo le había hablado mal de la empresa. Si era para comercial, lo rechazaría. En una pared de la sala de espera había una televisión sintonizada en un canal musical.

Un hombre, de mediana edad, trajeado, me recibió. Le pregunté inmediatamente la razón por la que la empresa estaba registrada en Infojobs como "Maria Joao". Según él, ése es el nombre de una gerente de la empresa y alguién "por error" lo puso como nombre de empresa. De todas formas seguía resultando extraño el restante "Arroz Mosa Donas". Después de una breve presentación por mi parte, me explicó que la empresa se dedicaba al tratamiento de agua y pertenece al grupo Aqua España. El día anterior y ese día estaban realizando entrevistas para seleccionar un grupo que el día siguiente, el miércoles, asistiría a una reunión explicativa y dos días después, el jueves, comenzaría a trabajar.

El trabajo consistía en vender un descalcificador. Según él, la calidad del agua corriente es "terrible", "más del 90% de la gente no bebe agua del grifo", "no sirve ni para fregar". El objetivo es realizar visitas -programadas previamente por la empresa, según él- a casas de personas que tienen "una cierta predisposición" a comprar el aparato. Según cuenta, es gente aconsejada por alguien que ya tiene el aparato, gente que tiene algún problema de salud relacionado con el agua o porque "están hartos de comprar garrafas". Me pregunto cómo sabrán las direcciones de las personas que tienen problemas de salud relacionados con el agua.

Según esta persona, el punto fuerte de la empresa es que las visitas no las realizan comerciales y así la gente no se pone a la defensiva. "No contratamos a comerciales profesionales para que no intenten convencer a la gente, ya que la gente está asqueada de los comerciales". Tampoco quieren a trabajadores de otras empresas de tratamiento de agua, que pueden conservar vicios. Dice que ellos quieren una persona "inofensiva". Las pruebas que realiza el vendedor son suficientes para demostrar la pésima calidad del agua, por lo que "hay poco que explicar". Afirma además que desde que no tienen comerciales facturan más del triple de lo que facturaban hace años. No especifica, en cambio, si este aumento de facturación se debe a un aumento en ventas o quizás a un ahorro en los costes de personal.

No se cobra por horas, sino por número de visitas. Si se realizan cuarenta visitas (una media de dos al día, en poblaciones de toda la comarca) se parte de un salario base de 600 euros netos. Si son 60 visitas, 1.000 euros. Después se añaden entre 50 y 60 euros semanales en concepto de transporte. Se completa con unos incentivos de entre 100 y 650 euros en concepto de ventas. Le pregunto si vender un aparato significa ganar 100 euros. No me responde directamente y me dice que si el mínimo son 100 euros, así debe ser. Le cuestiono entonces si vender dos aparatos significa ganar 200 euros, y entonces termina por decirme que es un sistema muy complicado de incentivos que no puede contarme en ese momento. Acompaña sus explicaciones con un esquema que va dibujando al mismo tiempo.


Cada día hay que estar en las oficinas de Cornellà a las nueve y media de la mañana para acordar las visitas. Se sale de allí sobre las diez y media. Después, cada visita dura una hora y media. Haciendo cálculos rápidos, con dos visitas al día, la jornada (reunión, transporte y visitas) puede ser bien de ocho horas diarias. Me afirma el entrevistador que el sueldo medio de la empresa es de unos 1800 euros, pero con mis propios cálculos con suerte alcanza los 900 euros.

Después de un periodo de pruebas de 60 días, me explica el entrevistador que el tipo de contrato que realizan no es de tipo laboral (el estándar) sino un contrato mercantil, y esto significa darse de alta como autónomo. Me extraño ante este tipo de contrato, ya que me parece más propio de alguien que trabaja por su cuenta que del que trabaja para una empresa. Además, después no se cobraría la prestación de desempleo. Me argumenta que este contrato se realiza de este modo porque el sueldo no es fijo. Sin embargo, creo recordar que muchos trabajos con sueldos variables (a causa de comisiones) sí se realizan con contratos laborales. Para mí, esa fue la gota que colmó el vaso.

Demasiadas cosas extrañas: el nombre de la empresa en la oferta, un anuncio tan genérico, el funcionamiento de las comisiones, el tipo de contrato. Me vienen a la cabeza los comentarios de los foros y el del cuñado del hombre de la sala de espera. Me pregunta entonces el entrevistador que qué me parece. Le digo que no lo veo claro. Me contesta que él tampoco lo ve claro. Y algo airado da por finalizada la entrevista.

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Se ruega a todas las partes exponer los argumentos de la manera más respetuosa posible. Los comentarios que contengan algún insulto o expresión claramente ofensiva serán eliminados con independencia del resto del contenido.

 

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