.

lunes, 17 de marzo de 2014

Edición censurada de 1984 de Orwell

Soy de esos a los que les gusta entrar a las librerías para acariciar libros (¿bibliofilia?). Me fijo en el diseño, la rugosidad de los materiales, el peso. Así que esta edición de Penguin del 1984 de Orwell me pareció deliciosa. En la foto no se aprecia bien (pulsa para ampliar), pero el título y el autor están en relieve dentro de las franjas negras. La vi en la librería Foyles.

domingo, 16 de marzo de 2014

¿Y si todos los periódicos fueran vespertinos?


Una de las cosas que más me llamaron la atención al llegar a Londres fueron sus diarios gratuitos y, en especial, el vespertino London Evening Standard. Ya es tradición cogerlo de la mano del repartidor al entrar en el metro por la tarde. 

Éste periódico local tiene alrededor de 70 páginas y podría fácilmente pasar por un diario de pago. De hecho, el medio fue fundado en 1827 y siempre fue de pago hasta que lo compró un ex espía ruso (Alexander Lebedev), que en el 2009 lo convirtió en gratuito.

No quiero entrar aquí en los vínculos del antiguo agente de la KGB ni en la muy mediática vida de su hijo Evgeny. Basta decir que los Lebedev, además del Standard, también son propietarios del diario de pago progresista The Independent y su hermano barato i (así se llama, cuesta 20 céntimos).

El Evening Standard, como digo, es un diario muy competente para no costar una libra. Se hace un buen repaso de la actualidad, cuenta con una muy respetable sección de opinión y publica reportajes de primera. Recientemente, por ejemplo, ha sido premiado por su investigación sobre los gangs de Londres (grupos violentos de jóvenes de zonas deprimidas).

Con esto quiero decir que el Standard no sólo sacaría los colores a nuestro 20 Minutos (a pesar del mucho respeto que le tengo al español) sino también a algún que otro medio de pago. Pero el Standard no es del todo comparable a las grandes cabeceras británicas. El gratuito londinense, además de buena información, también tiene un exceso de farándula del West End y todo tipo de noticias frívolas. Me entretiene en mi vuelta del trabajo a casa, pero no siempre me informa tanto como me gustaría.

A esa horas de la tarde, a menudo en mi cartera conviven The Guardian o The Daily Telegraph junto con el gratuito Standard. Pero curiosamente, en uno de los pocos momentos que tengo para leer prensa, me decanto por el Standard. Y puedo perfectamente terminar el día sin llegar a abrir los muy caros diarios ingleses (The Guardian cuesta £1,60 de lunes a viernes). 

La razón es bien simple. A las 7 de la tarde, el vespertino Standard me cuenta noticias que han pasado ese mismo día. En cambio, el Guardian o el Telegraph hablan de las del anterior. Cuando salgo del trabajo quiero saber qué ha pasado durante las últimas ocho horas en las que he estado semidesconectado del mundo. Y resulta bastante ridículo ver como los diarios de referencia despiertan a la mañana siguiente con portadas que yo ya he leído la tarde anterior.


Obviamente, un diario es algo más que la última hora. El contexto, el análisis, los reportajes atemporales. Pero, no nos engañemos, un diario es sobre todo noticias. Si el principal motivo para comprar un periódico fuera el análisis, esa función la cumplen a la perfección revistas como The Economist, New Statesman o Private Eye. Ante todo, en un diario busco noticias y, si luego encuentro algo más, mejor que mejor. 

A veces, la elección de un diario incluso puede depender de algo tan mundano como su tamaño (que sí importa). El Standard tiene un formato compacto (conocido como tabloide, como La Vanguardia), que más o menos se puede abrir en los apretados metros londinenses. El Guardian es cuatro dedos más alto (formato Berliner, como El País), lo que ya hace más difícil abrirlo si se va de pie y hay algo de gente en el vagón. El Telegraph tiene un tamaño sábana que es exactamente dos veces el del Standard. Si nos imaginamos leyendo un diario que es dos veces como La Vanguardia, es fácil darse cuenta que definitivamente el Telegraph no es un diario de transporte público y tampoco de mesa pequeña. Por lo que a veces leer el Telegraph puede ser un tedio. 

¿A quién van dirigidos los diarios? Sin entrar en los contenidos, sólo por la hora de publicación y su formato ya podemos intuir el público al que pretenden llegar. ¿Quién puede comprar un diario que cuesta casi dos euros cada día y leerlo tranquilamente por la mañana? El parado tiene el tiempo pero no el dinero. Un trabajador puede tener el dinero pero hasta por la tarde no tendrá el tiempo. Así que parece razonable pensar que sólo personas con altos cargos e influyentes disponen del tiempo y dinero que requieren esas cabeceras. El Telegraph tiene que ir necesariamente dirigido a personas muy importantes, con mesas muy amplias donde quepan esas hojas con tamaño de sábana. 

El papel no está muerto, pero sí oxidado. Si un periódico quiere vender, tiene que ser popular de arriba abajo. Y las clases populares trabajan durante el día y sólo pueden leer por la tarde o la noche. A esas horas, un diario matutino es demasiado viejo como para pagar por él casi dos euros. Y a falta de vespertino, mejor consultar las noticias por internet. 

domingo, 9 de marzo de 2014

Símbolo de libra esterlina (£) en Mac con teclado en español

Hay que pulsar la tecla ALT a la vez que Shift (mayúscula) y luego, sin soltar éstas, el número 4. Lo he encontrado por casualidad, ya que en muchas webs sólo indican el método para teclados estadounidenses. Tampoco he conseguido que funcione mediante código ASCII. A través del "Visor de Teclado" de OSX podrás ver otros símbolos accesibles desde la combinación ALT+Shift.
ALT + Shift + 4 = £

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Pocket, la aplicación para devorar diarios y blogs


¿Os ha pasado alguna vez que encontráis un artículo interesante pero no tenéis tiempo para leerlo en ese momento? A mí sí, en cantidad de ocasiones. Por eso os voy a hablar de Pocket, una de las pocas aplicaciones que considero casi imprescindibles en mi teléfono.

La conocía hacía tiempo, pero hasta ahora no había sido consciente de su potencial. Me di cuenta cuando iba en el bus leyendo en el móvil un artículo muy interesante* de un blog. Pero tenía que entrar en el metro, y en el famoso Underground londinense no hay cobertura de móvil (¡!). Por lo que fácilmente podía perder la página y la lectura. Esa misma noche me encomendé encontrar una solución para este tipo de situaciones.

Di con un viejo conocido, Pocket. La idea es simple: si hay algo que quieras leer más tarde, lo envías a Pocket y el artículo se descarga en todos los dispositivos donde lo tengas instalado. Para leerlo no necesitas conexión a internet y el texto aparece en un formato que facilita la lectura. Por ejemplo, puedes aumentar o disminuir el tamaño de la letra. También cambiar el color de fondo.

Lo mejor es que es gratis y está disponible para la mayoría de sistemas operativos (iOS, Android, PC, etc.). Así que si encuentro con mi iPad un artículo que quiero leer más tarde, simplemente lo envío a Pocket y al instante lo tengo guardado en mi móvil Android. Casi mágico. Y de camino al trabajo me lo leo, o cuando me apetezca.

La simplicidad es lo que hace que se convierta en imprescindible. Ya que para guardar un artículo sólo es necesario un click (o un toque). Por ejemplo, en Safari hay que pulsar un marcador que creas en tus favoritos. En Android, el navegador que uso (Next) tiene una extensión específica. Incluso desde la aplición de Twitter se pueden enviar artículos con sólo dejar el dedo pulsado sobre un enlace.

A veces hay apps que parecen prometedoras, pero luego no las usas. No es el caso de Pocket, que desde que la tengo aprovecho los ratos muertos para leer algo que en algún momento me pareció interesante.

* El artículo que me dejó tan enganchado como para bajarme Pocket fue éste sobre libros que aparecen en películas y series.

Actualización (16/03/2014). Recientemente me compré el e-reader Kobo Touch y me llevé una buena sorpresa al descubrir que también incorpora Pocket. De manera que puedo leer cómodamente en su pantalla de tinta electrónica todas las noticias que guardo desde el resto de dispositivos.

martes, 12 de noviembre de 2013

De Sevilla, un mes en Londres


Llegamos a Hammersmith y parece que el metro no puedo ir más lejos ese sábado. La línea Picadilly Line está cortada. No nos importa, porque es donde igualmente nos teníamos que bajar. Pero antes de salir del vagón, alguien nos susurra algo en español. Nos había oído hablar y nos esperaba. "Perdonad, ¿sabéis qué hay que hacer para llegar al resto de paradas?". Yo no tenía ni la más remota idea porque nunca había ido más lejos.


Nos cuenta que es de Sevilla, y su acento no le contradice. Que hace un mes que llegó a Londres en busca de trabajo. Lo que sea, con tal de aprender inglés y ganar algo de dinero. "No sé si lo sabéis, pero en España está todo fatal". Se dirige a Sudbury Town, una parada que hasta entonces no conocía. Después de analizar el plano unos instantes, descubro que está en zona 4.


"Creo que tendrías que preguntar a alguien del metro", "Es que mi inglés no es muy bueno", "No pasa nada, le preguntamos entre todos". Son las once de la noche y para llegar a casa tiene que coger otra línea, bajarse en tres paradas y luego un bus. La zona 4, otro mundo. "Si encuentro trabajo, seguramente sea en el centro, así que mejor será que me mude al centro". Eso en Londres es casi un imposible, así que le recomiendo mejor encontrar algo sobre la línea de metro del trabajo. El sevillano sonreía y sonreía. No había nada de tristeza en su mirada, sólo aventura y esperanza. "¡Suerte!" le disparo en forma de adiós cuando corría a coger su metro.


 

 

Cargando...